Eugenio López transforma el Bellas Artes por los poderes de la geometría

Eugenio López transforma el Bellas Artes por los poderes de la geometría

El artista ovetense regresa al museo, veinticinco años después de su última individual en el centro, con 'Confluencia, Acople, Núcleo', una triple intervención específicamente proyectada para el palacio de Velarde

Eugenio López, 'Confluencia, Acople, Núcleo. Tres geometrías para el palacio de Velarde', Museo de Bellas Artes de Asturias.

Hace 31 años, en su primera exposición en un recién inaugurado Museo de Bellas Artes de Asturias, Eugenio López (Oviedo, 1951), jugaba, sin salir de la pintura, con la disociación entre pintura y espacio. En la segunda --hace justo ahora un cuarto de siglo, en febrero de 1990-- poblaba los espacios del Bellas Artes con otros espacios autónomos: un despliegue de Geometrías que proclamaban la plena adscripción del artista a lo geométrico como lenguaje plástico, como armazón conceptual y, por así decir, como ética e incluso actitudespiritual derivada de una estética de la pureza y el rigor. Veinticinco años después, y "con vértigo" según confesaba esta mañana, Eugenio López ha regresado al museo para transformar de raíz su espacio arquitectónico mediante la geometría. Porque eso es exactamente lo que consigue con la monumental sencillez de Confluencia, Acople, Núcleo, la triple intervención con la que el ovetense se suma al programa de artistas contemporáneos invitados por el Bellas Artes a trabajar no en, sino con el museo mismo como soporte artístico.

Como sus antecesores --Ramón Isidoro, Tadanori Yamaguchi y Avelino Sala--, López ha desarrollado su triple proyecto en el patio central del Palacio de Velarde y en la sala de exposiciones temporales anexa. Su objetivo ha sido utilizar los escuetos recursos de la geometría plástica --apenas unas líneas, tres colores, una tarima-- para realizar una especie de operación de depuración de formas, significados e incluso connotaciones históricas en un espacio tan cargado como el de un museo crecido en el interior de un palacio: una restitución de la geometría mediante la geometría.

Así, en el centro del atrio, ha instalado una gran tarima (cuya estructura le sugirió precisamente la utilizada durante la exposición de Yamaguchi) que delimita un gran cuadrado negro desde dos de cuyos vértices opuestos se proyectan dos triángulos blancos que confluyen en su centro, justificando el título de la obra. Ese simple mecanismo, ejecutado con la pulcritud habitual en la obra de López, basta para abrir en el centro del patio una especie de fuga, una tensión tridimensional que altera la monumental sobriedad del atrio, sobre todo si se contempla desde la balconada de la segunda planta del museo.

Intervención mural

En la sala de exposiciones, el dispositivo es aún más sencillo, resuelto mediante una mera intervención mural que actúa sobre la totalidad del contenedor. López ha trazado una diagonal que parte del vértice superior de uno de los muros laterales de la sala y atraviesa tres de sus lados para concluír en el vértice inferior del muro opuesto, y ha repartido los triángulos resultantes entre el blanco y el negro, como dos piezas que se acoplasen definiendo el espacio que rodea al espectador. En el cuarto muro ha pintado un gran círculo rojo cadmio que irradia su presencia y su intensidad cromática a toda la sala, como una suerte de núcleoenergético.

El espectador --sobre todo si tiene la suerte de estar a solas en el recinto-- se ve envuelto de inmediato por un espacio ligeramente alterado en sus perspectivas, un lugar especial y autónomo que, no en vano, el director del museo, Alfonso Palacio, asociaba esta mañana durante la visita al recinto como un "espacio de meditación". Esa dimensión testimonia, para Palacio, el carácter "simbólico e intuitivo" que la geometría adquiere en un artista "cuyo leitmotiv es la búsqueda de lo trascendente a través de lo mínimo", y que permanece fiel a una tendencia de la que es uno de los principales representantes españoles.

Emocional, sensible, trascendente

Ese componente emocional, sensible e incluso trascendente es uno de los rasgos que desmarca a Eugenio López de algunas de las tradiciones del geometrismo surgido de las vanguardias históricas, de las que sí mantiene, sin embargo, la voluntad de utilizar la geometría como un factor de transformación de los espacios que desborda los límites de la obra convencionalmente entendida. El artista ovetense afincado en Baleares nunca ha querido renunciar a ello en nombre de la despersonalización, el distanciamiento objetivo o la depuración de elementos sentimentales "asociados" --sostiene-- "de forma ridícula con la burguesía" por algunos de los apóstoles de lo geométrico. Todo lo contrario, puesto que para López la geometría, en términos de evolución de los códigos pictóricos, no es más que "el lenguaje más evolucionado, el último paso de un eslabón que viene muy lejos" y que no niega, por tanto, todo lo precedente. Más bien enlaza con los orígenes mismos del arte.

Algo parecido sucede con su evolución personal, un proceso orgánico y vinculado a la propia vida en la que formas que aparecieron en un momento determinado de la trayectoria reaparecen en desarrollo posteriores "como semillas que quedan en en inconsciente" y brotan años, quizá décadas después. Algo de esto ha sucedido, según López, en la intervención Acople. Solo después de concluirla, se dio cuenta de que era un desarrollo de una escultura expuesta hace unos años en la desaparecida sala Vértice que ahora se ha transformado en un espacio por sí mismo dentro del espacio del Bellas Artes.

Eugenio López, 'Confluencia, Acople, Núcleo. Tres geometrías para el palacio de Velarde', Museo de Bellas Artes de Asturias.

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